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Informe 1

Bus Turístic

 


Hacemos la ruta azul del Bus Turístic en el vehículo 21XX, matrícula DXX

Guiribus, la ruta de los pitufos

Servicio público de 27 euros por persona y por día (niños, de 4 a 12 años, 16 euros; bebés por la cara). STOP. Ochenta asientos por vehículo (no se permite a nadie que vaya de pie. STOP. Tres rutas: Azul-2 horas (modernismo y consumo, o lo que es lo mismo, Gaudí-Güell; Diagonal-Paseig de Gràcia; más una rotonda del Barça); Roja-2 horas (Montjuïc’92) y Verde-45 minutos (Poblenou-Mar). Total: 44 paradas para un mismo billete. STOP. Dos millones de pasajeros por año (beneficios brutos de 54 millones de euros). STOP. Once idiomas (catalán, castellano, inglés-norteamericano, francés, alemán, italiano, holandés, chino, japonés, portugués-brasileño y ruso). STOP. Cada día, de 9 a 21horas, según temporada (frecuencia de paso de 5-25 minutos, comprobada). STOP. Desde 1987 (no comprobado). Detrás del servicio Barcelona Bus Turístic se encuentran Transports Metropolitans de Barcelona y Barcelona Turisme. Detrás de la entidad Barcelona Turisme, la Cambra de Comerç de Barcelona (“defensa dels interessos generals de les empreses”). STOP. Regalan auriculares (de colores según la ruta) que, amablemente, los usuarios lanzan al techo de ciertas paradas del recorrido. STOP. Más info en http://www.barcelonabusturistic.cat

 

*

 

Los lavabos

12 de septiembre del 2014. Los lavabos del El Fornet d’en Rossend de la calle d’Urgell hacen de cuartel general de las monitoras del servicio, cual oasis tentador, entre cruasanes, cafés de cartón y guiris que disfrutan de los mapas. Partimos de la plaza de Francesc Macià, en el piso de arriba, descapotable, con ligera brisa sur-sureste y seria amenaza de lluvia. Temperatura llevable. Bajamos por Muntaner, por las obras del AVE en la calle de Balmes. Siete vascas comentan la jugada a cada semáforo mientras una de ellas dalequetepego gritándole al móvil sin compasión: “¿El hotel? ¡Pequeño, joder! Las habitaciones, estrechas. Parecemos cucarachas, ahí va la ost… ¿La ducha? Fría. Helada. Vaya soponcio, hija mía”. La llamaremos Maruja. O la primera vez o la segunda que están en la ciudad, porque no distinguen entre la Barceloneta, Mollet y la Diagonal. “Tenemos poco tiempo hoy, sí. Mañana piramos”, nos cuenta la del teléfono, vía satélite, mientras un hilo de new wave a lo Tanita Tikaram desmonta el almuerzo. El speaker es de pocas palabras y mucha historia de Barcino, Emporium, Tarraco y los romanos. Cuando le da por hacer silencios (a menudo), el personal vuelve a las discusiones sobre qué calle es, qué ha dicho, dónde estamos y quién eres tú. A parte de las vascas hay una pareja de madre-hijo holandeses, una familia de cuatro alemanes y dos o tres italianos de gafapastas. Mientras el speaker —podríamos llamarle Manuel, sin equivocarnos demasiado— se recrea con el Pla Cerdà algunos mosquitos tigre se zampan a los holandeses con el estéreo de Maruja a todo gas: “¡Ay, hija mía, qué bonito es esto!”. De repente, se le encienden los ojos como lagartijas, se quita el aparato de la boca y suelta: “Ahivá: no me jodas que ahora tendremos que entrar ahí”, indica con la mano libre señalando una tienda enpersianada en la que pone “Casa de tapas”. Y responde Maruja: “No estoy preparada para ver al Tapias ese ahora”. “No, mujer, eso debe de ser un restaurante de pinchos, loca”.

Sin comentarios.

 

Llegamos a la plaza de Universitat y por los auriculares nos avisan de que estamos en el centro urbano, donde se hallan el MACBA y el CCCB, dos entidades culturales de primer orden. Sí, señor, lástima que, en ese momento, todo el mundo —incluidos los italianos— miran hacia el edificio de la Universitat de Barcelona. “Jopé, vaya museón”, interrumpe Maruja. Una de sus amigas vuelve la vista, sin saberlo, hacia la casa Riera y la casa Bonet: “Podríamos vivir ahí una temporadilla. Qué lujo”. “Qué va, serán todo oficinas.” Y grita, de pronto, otra de ellas: “Venga, bajemos aquí mismo. Total, el wifi no chuta”.

Las vascas son sustituidas rápidamente por un grupo de inglesas de mediana edad con cutres tatuajes en ambos brazos, barriga y espalda. Una de ellas, con un café que poco le va a durar entero en el vaso. Hemos llegado a la plaza de Catalunya y hay una cola del copón justo delante del huérfano El Corte Inglés.

Cambio de cromos en un sube-baja de película, con golpes, empujones, apretones y flashes. La hecatombe en un lleno absoluto de franceses, más italianos, más alemanes…, más guiris, vamos. En algunos asientos los auriculares no funcionan a juzgar por la incredulidad de algunos rostros. Y miramos dirección norte hacia paseo de Gràcia. Obras.

Una botella vacía de una marca de agua embotellada prueba que hay aceleración y gravedad al mismo tiempo en una clase de Física no solicitada. “Oh, oh, oh”. ¿Dónde estamos? Casa Batlló, La Pedrera… Cambio de usuarios una vez más. Entra un señor con bastón y parkinson severo. Creo que le han llamado George. El hombrecillo se aferra al asiento de delante en el que un par de chicas jóvenes quieren hacer el retro de su vida sin éxito: demasiado movimiento para una instantánea perfecta. Sus miradas asesinas van dirigidas al pobre George. Mientras tanto, el speaker parece ser que tiene cuerda para rato, porque no para, mientras una cola sin final espera los buenos tiempos para entrar en el templo del modernismo. Y ¿la Pedrera? Visto y no visto, o lo segundo en referencia al andamio fotográfico que nos la cubre, pobrecita. Obras. Y si nadie baja, nadie sube, claro está. Por fin un papá con el hijo en brazos dormido sale corriendo del vehículo: su mujer le esperaba con el otro churumbel en el cochecito. “Ya era hora”, le expone. Haber asfaltado los laterales del paseo es una buena idea a juzgar por el uso fructuoso que hacen los guiris. “Very nice!”, grita George al pasar por delante de Rosselló, la Casa de les Punxes, de Puig i Cadafalch. Es norteamericano. A parte de bastón y baile lleva una sandalias con calcetines oscuros, pantaloncito de explorador, camisa semiabierta de cuadros azul turquesa y gafitas metacrilatadas. Calvo, pelo blanco, pecas y casi albino. Entre tanta descripción llegamos ya a la joya de la corona.

La Safrada Família, imponente, despierta un eco de glorias y vítores en las luciérnagas extranjeras, y el piso de arriba, ahora, es un correcalle para conseguir la mejor foto, que no es otra que delante del vehículo, ahora detrás…, quizá era mejor no haberse movido…, quizá… Que no sea dicho, pero el maldito speaker no ha dejado jota sin punto ni tilde sin palabra. ¡Viva Antoni Gaudí! “Waw”, gritan casi todos. “Oh, yeah. It’s like goin’ to Heaven”, responde George. “Tranquilos, mi cliente no tiene prisa porque terminemos la obra. Dios tiene todo el tiempo del mundo”, dice Manuel que dijo el arquitecto. Pasaje sin duda místico entre tanto souvenir, cola, cámara, maletas, flyer, cuadros, trixis, árboles y pájaros. El autobús hará un paseíto más y, tras doblar dos veces, habiendo visto la salida de la muerte primero, repetimos y vemos la entrada de la vida después. En los balcones hay todavía resacón de la Diada. Nos dirigimos hacia el bonito barrio de Gràcia.

La música ha cambiado. Mientras el speaker coge aire salival, la melodía va acompañada de piupius de ruiseñores que adornan el camino de nubes negras. Que si las fiestas de Gràcia, que si el vestir de las calles, que si las plazas tranquilas, que si los grasiencs y las grasienques… El objetivo parece claro: sólo hay una Barcelona, la mejor de las Barcelonas. Llegados a este punto, el reloj marca la mitad del viaje justo antes de hacer una parada obligada en la Travessera de Dalt, a la altura del Park Güell. Entre la cola de espera, la de bajada, los transeúntes y algún indigente pidiendo, no hay acera para tanta fila. Suben dos paquistanís o hindús, una filipina que pronto se echará la siesta, más alemanes, más gafapastas… Pero los japoneses no suben a la Azul, esperan la Roja. Debe de ser su segundo día, fijo. Cambiamos la brisa por el viento. Las calles subyacentes de subida son corridos de gentes en grupos de diez arriba o abajo en busca del famoso parquecito. Creo que el speaker se ha dormido porque anuncia: “Ahora viene un túnel, no se levanten”, una vez ya pasada la cosa. En fin, falta de sincronización. Y se pone a hablar de las delicias no ya del Tibidabo, sino, sobre todo, del parque de atracciones, el Tramvia Blau, el funicular y el CosmoCaixa. Publicidad de la buena desde 1901. ¡Por Dios! George ha perdido su sombrero… Viento, ladrón. Hay otras chica que no para de ir de un lado a otro haciendo clics a granel.

“Les recordamos que deben ir sentados”, insiste Manuel. Ahora toca el turno de Sarrià.

Y aparece Gaudí, de nuevo, con la Puerta Miralles… ¡a 20 minutos andando! Exagerado. ¿Lloverá o no lloverá? Pasamos por el monasterio de Pedralbes, con un si te he visto no me acuerdo, porque al conductor le ha dado por acelerar. Este pequeño mundo de la ciudad es sinónimo de vegetación y paz en lugar de tiendas y chusma. El silencio lo cubre todo, y la poca curiosidad. La filipina despierta de la siesta. Palau Reial, Zona Universitaria… “Ou yeah”, expresa George sin venir a cuento. Los asientos, casi cómodos del todo, tras casi dos horas empiezan a perder muelle.

Y aquí llega lo que esperaban tanto George como la filipina: el Camp Nou. Se les han abierto los ojos de par en par. Y hay mucho ambiente, porque de aquí a unas horas el Athletic Club de Bilbao perderá 2-0 contra el Barça de Luis Enrique, en la tercera jornada de Liga.

Sube un grupo de inglesas, a docenas, pidiendo más guías y dejando tras de sí cierto alboroto. Vienen de shopping, con bolsas de marcas familiares de Diagonal. Manuel se entretiene con los edificios de “la Caixa” y el logo made by Joan Miró mientras el disc-jockey pone algo más comercial al paso por L’Illa Diagonal.

Barcelona de postal, sin duda, como un metanuncio (un anuncio dentro de un anuncio). El colofón es El cant dels ocells, de Pau Casals, entrecortado y de fondo, mientras el speaker se despide y llegamos, de nuevo, a la plaza de Francesc Macià.

Local en venta. Local en venta. Local se traspasa. Local en alquiler. Local en venta. Adiós, George. Adiós, Manuel. Yo me bajo aquí.

 

*

 

Dentro/Fuera

El Bus Turístic, la máquina de hacer dinero.

Intentas rebajar el precio del tique, 27 euros (niños, 16 euros).

“Puedes pagarme a mí, si quieres. Lo siento, pero la entrada vale esto. Cada año sube un euro, más o menos. Supongo que está pensada para los cruceristas, porque el Bus Turístic es el producto estrella que más consumen. Lo veo yo porque vienen todos con la chapa identificativa de su barco, y lo más seguro es que durante la mañana vengan los del Oasis of the Seas, el crucero más grande del mundo”, te cuenta L., la chica de información junto al pivote con el punto rojo. “Además, es fácil distinguirlos, porque continuamente te preguntan por la hora, porque, normalmente, los barcos zarpan a las cinco de la tarde, y claro, ellos no quieren quedarse en tierra.”

Pagas 27 euros (en efectivo, aunque se puede pagar con tarjeta Visa y MasterCard). Te regalan unos cascos como los del AVE, de color azul.

 

Dentro

En el piso inferior, te colocas detrás de la cabina del conductor, en los asientos reservados a las personas impedidas. Nadie te echa.

 

Fuera

Durante el viaje, pasarás por el trazado fijado, en el que abundan los comercios: Tecnocasa (“franchising network”), Compro Or i Plata y fashion shops.

Se suceden los vocablos, en cuarta, la marcha que el conductor imprime al trayecto: bodegueta, reformes d’interior, bomboneria, ganxet, caixa, emergencia ébola…

 

Parada de Francesc Macià

Dentro

Audioguía: se hace mención al Avi Macià.

“Por su propio interés, vigile sus pertenencias”, pone en una pegatina junto a las escalerillas que llevan al piso superior.

 

Fuera

Enfrente de la parada de Diagonal (ruta roja), la panadería El Fornet d’en Rossend, decorado con imágenes del trocadero parisiense, y donde los guías del Bus Turístic, vestidos con camiseta roja, entran para ir al lavabo.

Enfrente de la parada de Francesc Macià (ruta azul), la caseta de helados de Nestlé (Maxibon). “Me piden información y agua”, contesta a la pregunta sobre las preferencias guiris, y se explica: “Sí, información, porque quieren saber cómo ir a la playa, al Tibidabo y a mil sitios, y yo les indico en el mapa”.

En la parada de autobús, publicidad de la empresa de telefonía Vodafone y de la cerveza San Miguel, que saca la cara del jugador de baloncesto Marc Gasol, con el dorsal número 13 de la selección de baloncesto de España (“què bé que prova sentir-se ciutadà 0,0”).

 

Parada de l’Eixample

Dentro

Audioguía: “Eixample, ejemplo de ordenación urbanística”.

Guía F. (domina los idiomas catalán, castellano, italiano e inglés), que da conversación al conductor: “Se me dan muy bien los estudios, pero me da mucho palo”.

 

Fuera

Señalización: “Plaça de les Glòries: restriccions de tràfic per obres”.

 

Parada de MACBA-CCCB

Dentro

Audioguía: “En el Raval conviven gentes de culturas muy diversas”.

 

Fuera

Circulación fluida.

 

Parada de Plaça de Catalunya

Dentro

Audioguía: el Palau de la Música, “bellísimo”.

 

Fuera

Cola. Una de las guías de a pie (dos en las paradas principales) cuenta el número de gente que se suma a la cola, y le pasa la información a la guía del Bus Turístic: “Son 38”. En algunos casos se trata de grupos organizados.

La guía pregunta a la responsable del grupo: “How many are you?”.

 

Casa de Batlló-Fundació Antoni Tàpies

Dentro

Audioguía: “Tàpies, gran nombre del arte contemporáneo”.

Guía F., que da conversación al conductor: “Pusieron bachata, ella no es punky”.

El conductor la interroga: “¿Punky?”. Guía F.: “Sí, alternativa, subversiva”.

 

Fuera

Furgón de la Guàrdia Urbana delante de la Casa Batlló. Los turistas se congregan delante de la fachada y fotografían su piel de dragón.

 

Parada de Passeig de Gràcia

Dentro

Audioguía: “grandes arquitectos del modernismo”.

Guía F., que da conversación al conductor: “Metes dentro el queso gorgonzola y lo haces a la plancha”.

Sube un grupo de rusos y japoneses.

 

Fuera

La librería Les Punxes, cerrada a cal y canto.

En la calle del Rosselló, local de la inmobiliaria Investa (“gestión de patrimonios”), “disponible”.

 

Parada de Sagrada Família

Dentro

Audioguía: “altura media de las torres, cien metros”. Una vez finalizado, el templo tendrá 18 torres: cuatro para los evangelistas, 12 para los apóstoles, una para María y otra par Jesucristo, iluminada con haces de luz; “El modernismo floreció” y “Gaudí destacaba desde niño”.

Guía F., que da conversación al conductor: “No tengo un domingo libre”.

Cuando suben más turistas, la Guía F. grita: “Only down stairs”. Arriba, lleno. Para subir, por la primera escalera. Para bajar, por la escalerilla de detrás.

 

Fuera

Manteros frente a la fachada de la Pasión. Los minicoches GoCar adelantan al autobús.

En el quiosco de Turisme de Barcelona, propaganda del Barça: “Live it at Camp Nou”.

En la calle de Sardenya, pizería que se traspasa.

 

Parada de Gràcia

Dentro

Audioguía: “Gràcia, ambiente popular”.

Los rusos se bajan. Sube una señora que da mordiscos a una manzana. La saca de una bolsa con comida (en el Bus Turístic no se puede comer; tampoco se puede fumar ni ir acompañado de perros ni de ninguna otra mascota).

Guía F., que da conversación al conductor: “Si quieres llevar las normas a rajatabla, te vuelves loco”.

La señora se intenta conectar a internet con su Smartphone. No le es posible. Se levanta y va hacia la Guía F.: “Señorita, no hay Wire Fire”. “Wifi?”, le corrige la Guía F. “Sí, Waifai, ayer tampoco funcionaba en el bus”, reitera la señora, que ha adquirido un pase válido para dos días (35 euros). La Guía F. se protege, por si acaso: “Sí, en algunos buses no funciona”.

En un cartel pone: “Free wifi”.

 

Fuera

En la calle de Còrsega, imprenta en venta.

En el paseo de Sant Joan, local en venta, de la inmobiliaria Fincas Siglo XXI.

Valla con el anuncio de la entidad financiera Cofidis (“tus proyectos tienen crédito”).

 

Parada de Park Güell

Dentro

Audioguía: “El parque está a unos diez minutos [de la parada]”.

La Guía F. trastea en una especie de secreter que se cierra con llave, en el que guarda los panfletos y su bolso.

La señora del wifi deja las cáscaras de fruta sobre el asiento y se va.

Por la rampa, sube un aficionado del Athletic Club de Bilbao, en silla de ruedas. Le acompaña su hijo pequeño. El conductor estira las piernas. Se acerca al chaval y le pregunta: “¿Cuántos goles nos vais a marcar hoy?”.

 

Fuera

Desde tu asiento, apuntas lo que lees: Subway; cold drink; direct alarma.

Fincas de la inmobiliaria Engel & Völkers.

SOS en una pancarta de la escuela de la plaza de Lesseps.

En la ronda del General Mitre, despachos que se alquilan.

En la calle de Balmes, pisos en alquiler de la agencia Maison Carree.

 

Parada del Tramvia Blau-Tibidabo

Dentro

Audioguía: “reproduce el hábitat natural de la selva amazónica” (en referencia al CosmoCaixa).

Una turista pregunta la duración de la ruta (dos horas, aproximadamente).

Suben unas alemanas de muy buen ver.

 

Fuera

Señalización: “Atenció: avinguda Diagonal, restricció per obres”.

 

Parada de Sarrià

Dentro

Audioguía: “zona alta: alto nivel de vida de los vecinos del barrio; numerosos colegios y clínicas privadas como indicador de ello”.

Guía F., que da conversación al conductor: “El agua hirviendo es malo para el mate”.

 

Fuera

Banderas en los balcones: senyeres, estelades, europeas, españolas…

Marquesina con el cartel de la película Hércules, protagonizada por el actor Dwayne Johnson (Brett Ratner, 2014).

 

Parada del Monestir de Pedralbes

Dentro

Audioguía: “En Catalunya coexisten dos lenguas oficiales”.

 

Fuera

En el paseo de la Bonanova, ático en alquiler.

El entrenador Diego Simeone, El Cholo, promociona Canal Plus.

 

Parada del Palau Reial-Pavellons Güell

Dentro

Audioguía: “Pequeña obra maestra” (Pavellons Güell).

 

Fuera

Carteles independentistas con la frase “Volem polítics valents” y carteles de la discoteca Pacha Barcelona.

 

Parada del Futbol Club Barcelona

Dentro

Audioguía: “imagínese cómo es un día de partido”. Suena el himno: “Tot el camp és un clam”… Se te invita a visitar el Museu del Barça, con “nuevas instalaciones multimedia”.

Sube una pareja de turistas con obesidad mórbida y con bolsas azules de FCBotiga.

 

Fuera

El acceso 1 del Camp Nou, con publicidad de la ropa deportiva Nike, de la empresa automovilística Audi y de la mutua Assistència Sanitària (“partner mèdic oficial”): “Més salut, més força”.

 

Parada de Francesc Macià

Dentro

Audioguía: “Ir de compras por el shopping line, atractivo que nadie debería perderse”; “zona de negocios”.

 

Fuera

Campaña publicitaria de El Corte Inglés, en el edificio de Maria Cristina: “Welcome”.

Viviendas alt standing en venta.

En L’Illa Diagonal (“gran centro comercial”), establecimientos de Custo Barcelona, Cortefiel y Uterqüe.

Rótulos de comercios: clínica GMA, Mutua Montañesa, etcétera.

 


Fotografía destacada:

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DETALLE: Antes de bajar del Bus Turístic, los turistas lanzan los auriculares al techo de la parada, ritual con el que se pide un deseo. Los auriculares son del color de la ruta. En este caso, azules.